La humildad en el funcionario público

humildad

Marco Tulio Cicerón, escritor y filósofo romano de la antigüedad (siglo I antes de Cristo), nos enseña que debemos ser modestos y humildes, cuanto más sobresalientes seamos. Si desempeñamos un cargo público importante, la humildad, debe ser la característica de nuestro desempeño.

La humildad es un valor humano. Es la cualidad moral que nos lleva a conducirnos con sencillez y naturalidad. De la humildad nace el espíritu de servicio, la voluntad de ser útil a los demás.

Lo opuesto a humildad es el orgullo, la soberbia, la arrogancia, debilidades que hacen creer al funcionario que está allí, en el cargo elevado, no para servir, sino para ser servido y reverenciado por los demás.

La arrogancia del funcionario público se manifiesta:

En el trato despótico a sus subordinados. No escucha, es tajante y hiere con facilidad la dignidad y el amor propio del empleado.

Es inaccesible al público. Nunca se le consigue. Si uno quiere una audiencia, debe solicitar cita, con mucha anticipación y por escrito, indicando el motivo y aguardar indefinidamente la respuesta.

También se hace esperar. Rara vez atiende oportunamente, aún cuando esté desocupado chismeando o leyendo el periódico. El funcionario cree que su cargo es tanto más importante, cuanto más tiempo hace esperar al público.

Contribuyen a la arrogancia del funcionario público, ciertas debilidades del desarrollo de su personalidad, como es la baja autoestima. Hay baja autoestima cuando el individuo, en la intimidad de su conciencia tiene una pobre valoración de sí mismo, se siente inseguro, piensa mal de su capacidad para tener éxito y triunfar en la vida.

La soberbia o prepotencia en este caso, es un mecanismo psicológico de defensa, una coraza mental de grandeza, que el funcionario construye frente a los demás para ocultar los sentimientos de minusvalía e inferioridad que yacen en el fondo de su personalidad.

La virtud de la humildad es un requisito intrínseco del cargo público. Un funcionario es, por definición, un servidor público, un servidor del pueblo.

De acuerdo a los Principios del Derecho, el poder que ejerce el funcionario, procede del pueblo, que, a través de los mecanismos legales establecidos, lo nombra con la misión de servir a su mandante. El pueblo, el mandante espera, de acuerdo con estos principios, que el funcionario cumpla correctamente su mandato, con la diligencia y respeto que le merece su mandante.

Cuando desempeñamos un cargo muy importante, “es cuando más cuidado hemos de poner a no dar entrada a las lengua lisonjeras, cerrando los oídos a las adulaciones, con las cuales es muy fácil dejarse engañar, porque nos tenemos por dignos que nos alaben, de donde se originan muchos defectos”. (Cicerón)

“El que observe estas reglas”, concluye Cicerón, puede vivir magnifica, grave y animosamente; y también con sencillez y fidelidad; y en la gracia y estimación de todos los demás hombres” (Cicerón “Los Oficios”, Libro I)

Nos enseña Jesús: “Bienaventurados los humildes, porque ellos heredarán la tierra” (Mateo 5:3-4).

Nos dice Pedro, inspirado en el Espíritu Santo: ”Revestíos de humildad hacia los demás, porque Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. (1ra. De Pedro 5:5)

* Psicólogo. Profesor universitario
Doctor Honoris Causa de la UNAN-Managua
naserehabed@hotmail.com

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